Haiku 53

Río del Cielo:
dos estrellas navegan
a su encuentro.

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Mensaje para un niño

Sentado a la orilla,
inundado de sal y rumor marino,
un niño ve flotar una botella
verde azulada como el mar.
Dentro un papel amarillo
con instrucciones para un niño:

Instrucciones para soñar

Toma una hoja de papel,
hazle unos cuantos dobleces,
reafírmalos,
que la línea le de forma al plano.
Poco a poquito
y con sutileza brotará el volumen.
¡Listo, ya tienes tu barco!
Ahora busca un río
tranquilo, pero decidido.
Con el dedo índice y pulgar,
diestra o siniestra
según sea el caso,
deposítalo suavemente en el cauce.
Pon tus sueños y esperanzas
¡y no te olvides de las provisiones!
porque largas batallas y aventuras te esperan
y necesitarás para ello muchas energías.
Cuando tus manos
ya estén arrugadas como tu barco
y tu cabello blanco como las nubes del horizonte,
toma otra hoja de papel
y enróllala dentro de una botella
con estas instrucciones
que en alguna lejana playa
un niño espera a la orilla.

Love Poem, The First One

Blue-pink birds chasing themselves,
female or male, anyway.
Buds or twigs converting
swiftly in a burst flame.
Blazing the plainly blue-pink sky.
Another one, the third bird,
joined in a ménage à trois.
Welds and lovely rivets over them.
Buds or twigs,
twigs or twigs,
buds or buds,
anyway, both rigid with desire
together crowed in a little limbs bed.

Prótesis dental

Cavidad cilíndrica,
receptáculo.
El huésped imita tu forma
inodoro y terso.
Antípoda del espejo.
La voz muda,
cabeza jíbara
y se tildan los años.
Inmersión sin rostro ni detritus.
Plasticidad silente.
Desde su recipiente,
invidente te contempla,
incorpórea.
De tu voz
un quejumbroso herrumbre
apenas suena,
desdentado.
Retumba por el baño,
descarnada,
la risa que responde.
Maldición inmutable.
Ya en tu cama,
entre giros y giros,
insomne,
te llega desde el baño
la burla ruidosa y ultrajante
de sus ronquidos.

Una oscura presencia

La luna llena iluminaba claramente la ciudad. Caminaba a media noche por las calles desiertas. Había sufrido un episodio de Alzheimer y no sabía hacia dónde se dirigía. De pronto, sintió que alguien lo seguía. Una oscura y alargada presencia lo perseguía con obstinada fidelidad. Apuro el paso, pero aquello también lo hizo. Un escalofrío lo atravesó y su corazón se desbocó. A pesar de ello corrió tan rápido como pudo huyendo de aquella presencia. Zigzagueante recorrió varias calles. Seguro de haberse librado de ella, se detuvo para recobrar el aliento. Apoyó sus manos en sus rodillas inhalando angustiosamente el aire y cuando bajó la cabeza y miró por debajo de sus rodillas, el gélido terror afloró nuevamente: ¡detrás de él, una figura oscura y desproporcionada, oblonga, seguía ahí, obstinadamente fiel. Cayó al suelo presa de un infarto al corazón. Antes de morir, tuvo un repentino momento de lucidez. Recordó que esa oscura presencia lo había acompañado toda su vida tanto de día como de noche: se llamaba Sombra.